Durante las primeras semanas de la presidencia de Donald Trump, sus políticas comerciales han sacudido los mercados financieros, especialmente en Estados Unidos. Los aranceles anunciados por Trump han sido más elevados de lo previsto durante la campaña electoral, generando inquietud en el mundo empresarial por su posible impacto en la inflación y el crecimiento económico. Sin embargo, más allá del tamaño de los aranceles o la dureza de la guerra comercial, lo que realmente ha intensificado la incertidumbre ha sido la dinámica de anuncios y rectificaciones que ha caracterizado la estrategia del gobierno estadounidense. Esta volatilidad, donde las decisiones parecen variar de forma inesperada, ha generado inestabilidad en el mercado, provocando caídas pronunciadas en algunos sectores especialmente expuestos al comercio internacional.

El mercado estadounidense es el que se está viendo particularmente castigado, al centrarse la guerra comercial de Trump en países como México, Canadá o China, con tienen un fuerte peso en la economía de EE.UU y un alto grado de interdependencia en sus cadenas de aprovisionamiento. Las alertas que están mandando las compañías, junto con la voluntad negociadora de México y Canadá, están provocando una sucesión de retardos en la entrada en vigor de los aranceles, si bien muchos de ellas anunciadas en el último minuto.
Las noticias positivas en EE.UU. son que el mercado laboral, la principal referencia que monitorizamos para ver si tenemos riesgo de recesión, está aguantando de forma más que razonable, y vemos capacidad para que continúe haciéndolo bien, absorbiendo la destrucción de empleo que está viendo el sector público. Además, en el sector tecnológico, no tenemos dudas sobre el liderazgo de las compañías americanas en temas clave como la IA. Por todo ello, creemos que estamos viendo una corrección de mercado, no un cambio de ciclo económico. Vemos que se está poniendo mucho peso en los riesgos negativos y poco en los positivos de la política económica de Trump, como la desregulación o la posible futura reforma fiscal.
Europa está siendo una de las sorpresas positivas en estos primeros meses de año, y confiamos en que pueda continuar. El viraje que ha dado Europa en defensa, presentando un ambicioso plan de rearme de hasta 800.000 M.€ para contrarrestar el posicionamiento más pro-Rusia de Trump, junto con el cambio que ha dado el candidato conservador a canciller, Merz, a realizar un mayor uso de la política fiscal proponiendo un potente plan de infraestructuras de 500.000M.€, son dos factores de apoyo con los que no contábamos hasta ahora. Es verdad que tenemos que contar con los tiempos de aprobación de medidas en Europa, y necesitamos conocer más detalles de cómo se van a implementar para cuantificar la mejora de expectativas de crecimiento.
Este clima de volatilidad inicial generó nerviosismo en los mercados, llevando a muchos inversores a cuestionar sus estrategias. Sin embargo, para aquellos con una visión de largo plazo, estos episodios pueden interpretarse de otro modo: como una oportunidad. Históricamente, el mercado ha demostrado una gran capacidad de absorber estos episodios de incertidumbre política y comercial, diluyendo sus efectos con el paso del tiempo.
La clave, en momentos de incertidumbre, radica en mantener la calma, no dejarse llevar por el ruido mediático y centrarse en una estrategia de inversión basada en la solidez y el horizonte temporal a largo plazo. Como ha demostrado la historia del mercado, las decisiones impulsivas rara vez generan buenos resultados, mientras que la paciencia y la disciplina suelen ser los mejores aliados del inversor inteligente.
¡No dejes que las nubes (la volatilidad) oculten tu horizonte (tu objetivo a largo plazo)!