¿Cómo leer el rendimiento de una cartera de inversión?

Nos limitamos a medir el rendimiento de una cartera de inversión a partir de la rentabilidad mensual, acumulada del año (YTD, Year To Date), 1, 3 o 5 años y su comportamiento con respecto al índice (benchmark) al que está referenciado, pero la realidad es que hay otras ratios más allá que sirven de termómetro sobre el riesgo asumido, su coste o su valoración, entre otros.

Veamos cómo leer realmente el comportamiento de una cartera y qué métricas no pueden faltar en el análisis.

Rentabilidad: el punto de partida

Es el indicador habitual en el que se manejan los inversores no profesionales. La rentabilidad total o TWR, time-weighted return, mide cuánto ha crecido o decrecido la inversión en un período determinado, sin tener en cuenta los flujos de entrada o salida del capital. Es útil para comparar carteras.

Sin embargo, la rentabilidad por sí sola no dice si el resultado ha sido bueno o no, ya que no muestra el riesgo asumido para lograrlo, ni cómo se comportó en relación con el mercado.

Ratio de Sharpe: ¿vale la pena el riesgo?

Más allá del anterior, puede que uno de los más conocidos es la ratio de Sharpe, desarrollada por el premio nobel William Sharpe que calcula el exceso de rentabilidad de una cartera respecto al riesgo que asume. Un Sharpe superior a uno suele considerarse bueno; si está por debajo, indica que el retorno no compensa del todo la volatilidad; si es negativo, la rentabilidad ha sido peor que la de un activo sin riesgo.

Esta ratio permite comparar carteras distintas en términos de eficiencia ajustada al riesgo. Por ejemplo, si dos fondos tienen la misma rentabilidad, pero uno tiene menor volatilidad, su Sharpe será superior.

Alfa: ¿ha aportado valor el gestor?

Otro que puede sonar a los inversores con cierta educación financiera es el alfa, que cuantifica la rentabilidad adicional que ha obtenido una cartera respecto a su índice de referencia. Un alfa positivo indica valor añadido por parte del gestor; alfa negativo sugiere que el fondo no ha justificado el riesgo asumido o su comisión.

Es especialmente útil para evaluar fondos de inversión activos que afirman superar al mercado. Si un fondo tiene buena rentabilidad, pero su alfa es negativo, es probable que haya sido impulsado más por la direccionalidad del mercado que por una buena gestión.

Tracking error: ¿cuánto se aleja del índice?

El tracking error indica la diferencia de rentabilidad entre la cartera y su índice de referencia, es decir, cuánto se ha desviado. Cuanto mayor sea, más se ha alejado la cartera de su benchmark. Un fondo indexado, por ejemplo, debería tener un tracking error muy bajo, ya que replica el comportamiento del índice; por el contrario, un fondo activo que busca generar alfa aceptará un tracking error mayor como parte de su estrategia.

Este indicador es clave para entender si un fondo está haciendo lo que promete: replicar al mercado o diferenciarse activamente de él.

TER: el coste de la gestión

El TER (Total Expense Ratio) representa el porcentaje anual de gastos totales de un fondo sobre su patrimonio. Incluye comisiones de gestión, depositaría, administración, etc., pero no incluye los de entrada, salida o transacción. Un TER bajo es deseable si se busca eficiencia de costes. En fondos de gestión pasiva, el TER puede estar por debajo del 0,3%; en fondos de gestión activa puede superar el 1,5%, lo que exige justificar ese coste con una rentabilidad adicional.

PER: valoración de la cartera

El Price to Earnings (PER) es una ratio típica de análisis fundamental que se utiliza para evaluar la valoración de la renta variable en una cartera. Mide cuántas veces los beneficios se están pagando en el precio de las acciones. Un PER alto puede indicar expectativas de crecimiento o sobrevaloración; un PER bajo puede sugerir infravaloración o problemas estructurales. Por ejemplo, si una acción cotiza a 30 euros y tiene un beneficio por acción de 2 euros, su Price to Earning es de 15. Es decir, los inversores están pagando 15 euros por cada euro de beneficio que la empresa genera.

Otras métricas a tener en cuenta

Además de las anteriores, hay otros indicadores que también pueden enriquecer la lectura del rendimiento:

VIX o índice del miedo: es el índice por excelencia de la volatilidad y mide la fluctuación esperada respecto al S&P 500. Un VIX por debajo de 15 representa poca volatilidad; por encima de 25, incertidumbre.

Beta: mide la sensibilidad de la cartera respecto al mercado. Una beta de 1 indica que se mueve igual que el índice; más de 1, que amplifica los movimientos; menos de 1, que los amortigua.

Sortino ratio: parecido al Sharpe, pero solo considera la volatilidad negativa (caídas), lo que puede dar una visión más precisa del riesgo real.

Drawdown máximo: muestra la mayor pérdida desde un pico hasta el siguiente valle, y sirve para entender el peor momento por el que pasó la cartera.

Como ves, hay otras ratios que nos dan señales más completas de lo bueno o malo que es un fondo más allá de su rendimiento. No existe un único indicador mágico, pero usar varios de forma complementaria ofrece una visión más completa y rigurosa. Para el inversor particular, comprender estos conceptos no solo ayuda a tomar decisiones más informadas, sino también a establecer expectativas realistas y a mantener la calma en tiempos de volatilidad.

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