‘Bear market’ & ‘bull market’: ¿cómo afectan los ciclos del mercado a tus inversiones?

La fotografía histórica de los mercados de valores muestra, en general, una tendencia al alza. Unos índices presentan una línea más marcada que otros; con mayores o menores fases bajistas (bear market) y/o alcistas (bull market). En una fase y otra, la volatilidad es el acompañante incómodo de una forma más o menos acusada. 

Comprender estos ciclos es fundamental para mantener la calma, tomar decisiones informadas y, sobre todo, evitar errores costosos en la gestión de nuestras inversiones.

¿Qué es un ‘bull market’?

Un bull market o mercado alcista se caracteriza por un periodo sostenido de subidas en los precios de las acciones de empresas cotizadas (renta variable). Técnicamente, se considera que un mercado entra en fase alcista cuando los precios suben al menos un 20% desde su punto más bajo reciente.

Durante estos periodos, la economía suele mostrar signos positivos: crecimiento del PIB, aumento del empleo, beneficios empresariales en expansión y una mayor confianza de los inversores. La percepción general es que todo va bien y que invertir es una apuesta ganadora. Un sentimiento de euforia que puede generar burbujas si no se acompaña de fundamentos sólidos.

Ejemplo de bull market entre 2009 y 2020. Está considerado como el ciclo alcista más largo de la historia moderna del S&P 500, con una subida cercana al 400%. Este periodo comenzó tras la crisis financiera sistémica que hizo necesarias políticas monetarias expansivas (tipos de interés bajos) para apuntalar la recuperación económica.

¿Qué es un bear market?

El bear market o mercado bajista es justo lo contrario. Se habla de él cuando el mercado cae un 20% o más desde sus máximos. Es una fase asociada a una contracción económica, con mayor incertidumbre, reducción de beneficios empresariales y caída del apetito por el riesgo. El sentimiento predominante es el miedo. Muchos inversores tienden a salir del mercado en el peor momento posible: tras asumir pérdidas.

El ejemplo más reciente lo vivimos en 2022, cuando los principales índices bursátiles vivieron caídas por el repunte de la inflación, el endurecimiento de las políticas monetarias (subidas de tipos de interés) y el inicio de la guerra en Ucrania. El S&P 500 cayó más de un 20% y el Nasdaq, más expuesto a tecnológicas, se desplomó más de un 30%.

¿Por qué ocurren estos ciclos?

Los mercados financieros reflejan expectativas, no sólo realidades. Es decir, los inversores valoran no tanto lo que ocurre hoy, sino lo que esperan que ocurra mañana. Cuando las expectativas son positivas -mayores beneficios, estabilidad política, crecimiento económico- los precios suben, pero cuando el escenario se oscurece -recesión, tipos altos, crisis geopolíticas- los precios caen. A esto se suma el componente emocional: la euforia empuja al alza; el miedo precipita las caídas.

Además, los bancos centrales, las políticas fiscales, las innovaciones tecnológicas y los cambios sociales o demográficos pueden acelerar o frenar estos ciclos.

¿Cómo afectan estas fases a tus inversiones?

La forma más obvia en la que impactan es en el valor de tus activos. En un bull market verás crecer el valor de tu cartera casi sin esfuerzo; en un bear market puedes sufrir pérdidas temporales que te lleven a replantearte la estrategia.

Pero hay un efecto más profundo: el psicológico. En las fases alcistas, muchos inversores se confían, asumen más riesgo del que deberían, invierten influidos por sesgos que en la economía conductual se conocen como el efecto rebaño o manada, también por modas. En los momentos bajistas, otros tantos se dejan llevar por el miedo y venden en el peor momento, consolidando pérdidas y perdiendo oportunidades de recuperación. Es, precisamente en estos momentos, cuando nunca hay que vender, sino aguantar, porque históricamente el mercado se da la vuelta y se producen movimientos en forma de V. 

¿Qué hacer en un ‘bull market’?

  • No bajar la guardia: aunque los mercados suban, conviene mantener la disciplina y no dejarse llevar por la euforia
  • Reequilibrar la cartera: si un activo se ha revalorizado mucho llegando al precio objetivo marcado por los gestores de fondos, es el momento de deshacer posiciones y tomar beneficios. 
  • Prepararse para la corrección: todo ciclo alcista acaba. Tener liquidez o activos defensivos puede ayudarte cuando llegue la siguiente fase.

¿Y en un ‘bear market’?

  • Evitar decisiones impulsivas: vender por miedo suele llevar a tener  pérdidas que se podrían haber recuperado.
  • Mantener la estrategia a largo plazo: si la cartera está bien diversificada y diseñada para tus objetivos, el mejor movimiento es no hacer nada y tener paciencia.
  • Buscar oportunidades: los bear markets ofrecen grandes oportunidades de inversión en compañías atractivas, con potencial de crecimiento al alza a largo plazo, y que están baratas.

La clave: invertir con perspectiva. Los ciclos del mercado son inevitables, pero predecir su inicio o su final con precisión (market timing) es imposible. Por eso, lo más eficaz es adoptar una estrategia de inversión adaptada a cada perfil de riesgo y horizonte temporal y estar acompañados por profesionales de la inversión que saben reequilibrar las carteras de inversión cuando el mercado lo requiere. 

El máximo histórico del S&P 500 o el MSCI World lo dice todo: incluso con la crisis como la financiera de 2008, la pandemia de 2020 o el desplome de 2022, quien haya mantenido su inversión ha salido recompensado a largo plazo.

Conclusión: no luches contra el mercado, aprende a navegar en sus ciclos. El inversor inteligente no intenta adivinar si el próximo trimestre será alcista o bajista, sino que se posiciona para que su cartera pueda surcar con éxito en cualquier fase. Los bull markets nos llenan de confianza; los bear markets nos ponen a prueba. Pero ambos son parte del camino. Y solo quien invierte con visión largoplacista y estrategia profesional sabe aprovecharlos a su favor.