
A menudo, los inversores ponen su foco de atención en elegir el producto financiero óptimo en términos de rentabilidad-riesgo o en tratar de identificar el momento idóneo para entrar o salir del mercado sin reparar en algo más importante: la distribución de los activos en una cartera diversificada. Es lo que en la jerga de las finanzas se conoce como asset allocation, asignación de activos en su traducción al español.
Lo cierto es que estudios académicos ponen de relieve que la asignación de activos es el principal determinante del resultado a largo plazo de una cartera. Así, los investigadores Gary P. Brinson, referente mundial en la gestión de carteras, y Randolph Hood y Gilbert L. Beebower, expertos en análisis cuantitativo de las inversiones analizaron a finales de los 80 fondos en EE. UU. y concluyendo que entre el 80%-90% de la variación de los resultados a largo plazo de una cartera está determinado por la asignación de activos. La selección de valores y el market timing solo explican un pequeño porcentaje (4,6% y 1,8%, respectivamente).
¿Qué es el ‘asset allocation’ o asignación de activos?
El asset allocation es el proceso mediante el cual los gestores distribuyen entre, por ejemplo, activos de renta variable (acciones) y renta fija (bonos) o un determinado peso en una zona geográfica para maximizar el binomio rentabilidad-riesgo en función del perfil de riesgo del inversor. Es decir, obtener la mejor combinación posible entre rendimiento potencial y estabilidad del patrimonio. En otras palabras, se trata de encontrar el equilibrio adecuado entre crecimiento y protección.
Tipos de ‘asset allocation’
Existen tres principales enfoques estratégicos en la asignación de activos:
Asignación estratégica: se basa en una distribución a largo plazo, estable y coherente con el perfil del inversor. Se revisa periódicamente y cuando las circunstancias de los mercados lo requieren.
Asignación táctica: permite realizar ajustes esporádicos en función oportunidades puntuales.
Asignación dinámica: se adapta de forma más activa a los cambios en el ciclo económico o en el riesgo de los activos.
¿Por qué es importante la asignación de activos?
La importancia del asset allocation radica en su capacidad para reducir el riesgo global de la cartera sin renunciar al potencial de rentabilidad. Al invertir en activos diversificados, algunos descorrelacionados, es decir, no se ven afectados por ciclos económicos, se suaviza la volatilidad del mercado.
Por ejemplo, cuando la renta variable sufre caídas, es habitual que la renta fija actúe como amortiguador, al no ser tan sensible a eventos externos.
De este modo, el asset allocation es la herramienta clave para construir carteras resilientes a largo plazo, capaces de soportar diferentes fases del ciclo económico y ajustadas al perfil de cada inversor.
¿Cómo se realiza un ‘asset allocation’ en carteras de fondos mixtos?
Una de las formas más comunes de aplicar una correcta asignación de activos es a través de carteras de fondos mixtos, que combinan renta fija y renta variable en distintas proporciones. Este tipo de fondos son especialmente interesantes para inversores que buscan equilibrio entre crecimiento y control del riesgo.
El punto de partida son los objetivos de inversión, el horizonte temporal para alcanzar ese objetivo y el perfil del inversor en función de su tolerancia al riesgo: conservador, moderado, decidido o arriesgado. A partir de ahí, se determina el porcentaje óptimo de renta variable y renta fija.
Por ejemplo, en el caso de nuestras carteras, para perfiles decididos la asignación es de un 60% renta variable y 40% renta fija (la clásica cartera 60/40) y para perfiles arriesgados 80/20.
Además de la proporción entre tipos de activos, un buen asset allocation dentro de carteras mixtas también implica diversificar geográficamente, combinar diferentes sectores económicos e incluir distintas duraciones y calidades crediticias en la renta fija.

En Finnk, la construcción de las carteras IAvanzada parte de una selección de 40 tipos de activos. Nuestro modelo trata de optimizar el binomio rentabilidad riesgo para ello clasifica los diferentes activos según su correlación. Una vez cribados, se calculan las rentabilidades a partir de técnicas de IA y aprendizaje automático a las que se incorporan datos de mercado.
Por su parte, en las carteras de tendencias se identifican las principales en las que invertir. A partir de ahí se hace una selección de fondos de terceros de renta variable que permitan aprovechar las oportunidades a largo plazo. Para la selección de renta fija, al no haber fondos temáticos, se invierte en deuda soberana y corporativa con calificación investment grade y duración de medio plazo.
Por último, la asignación de activos en las carteras sostenibles se hace a partir de criterios éticos y teniendo en cuenta los factores ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo.
Las carteras se revisan periódicamente o con mayor frecuencia si el mercado lo requiere.
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