Cartera Sostenible 60/40: ¿y si tu dinero trabajara por ti y por el planeta?

La sostenibilidad es un tema principal para el 62% de la generación Z y el 59% de los millennials, quienes, además, participan más activamente en acciones en torno a esta área que otras generaciones, según la Encuesta Global 2024 de Deloitte. Además, un estudio de Morgan Stanley de este año indica que el 70% de ambos grupos etarios planean aumentar sus inversiones en productos y activos sostenibles.

Son muchas las investigaciones que ponen de manifiesto que las generaciones más jóvenes destacan como agentes prioritarios del cambio hacia un futuro más sostenible, mostrando una elevada preocupación e interés por los criterios ASG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza), tanto en sus hábitos de consumo, como en su demanda a empresas y en sus decisiones de inversión. 

De este modo, la sostenibilidad está dejando de ser una tendencia para convertirse en un criterio esencial en la toma de decisiones financieras. En este contexto, la cartera Sostenible 60/40 —60% renta variable, 40% renta fija— combina lo mejor de la inversión pasiva con un modelo de gestión responsable y sostenible, pensada para un horizonte temporal de 5 años.

Una cartera con resultados contrastados

Para quienes empiezan a invertir, esta cartera ofrece un equilibrio atractivo: exposición al crecimiento de la renta variable, combinado con la estabilidad de la renta fija. 

Así, entre 2015 y 2024, esta estrategia logró una rentabilidad neta acumulada del 83,59%, frente al 58,04% que registró de media el sector. La diferencia es sustancial: en un periodo de 10 años, el inversor que apostó por esta cartera multiplicó más su capital.

¿Cómo se consigue? La cartera está construida con fondos indexados (ETF) de las mejores gestoras internacionales (BlackRock, Amundi, Candriam, Euriozon y UBS), lo que garantiza diversificación y eficiencia de costes. Además, se centra en mercados desarrollados con gran dinamismo económico como Estados Unidos, Canadá o Europa.

El valor de la sostenibilidad en la inversión

Nuestro modelo de gestión se fundamenta en la convicción de que la rentabilidad y la sostenibilidad no son caminos opuestos, sino complementarios. Buscamos generar beneficios económicos al tiempo que promovemos el respeto al medio ambiente, la cohesión social y las buenas prácticas de gobierno corporativo.

Para lograrlo, no solo analizamos datos financieros, sino también factores ambientales, sociales y de gobernanza. Así conseguimos:

  • Conocer mejor los activos: evaluamos a las empresas no solo por sus beneficios inmediatos, sino por cómo contribuyen al progreso social y ambiental.
  • Anticipar riesgos y oportunidades: la sostenibilidad influye en la rentabilidad futura. Empresas que ignoran el cambio climático o la igualdad social pueden afrontar mayores riesgos regulatorios o de reputación. En cambio, las que apuestan por la economía circular o la transición energética suelen detectar antes oportunidades de crecimiento.
  • Impulsar un impacto positivo: invertimos buscando también transformar la realidad, apoyando a compañías y proyectos que trabajan en retos globales como el cambio climático, la desigualdad o la transparencia empresarial.

Cómo construimos la cartera

La construcción de la cartera sigue un proceso en dos pasos:

  • Exclusión: eliminamos de entrada a empresas vinculadas con armas controvertidas, corrupción grave, explotación infantil o daños ambientales extremos. 
  • Integración: seleccionamos los fondos que cumplen criterios ASG y que, además, se alinean con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Eso incluye compañías que desarrollan actividades con impacto positivo, emisores de bonos verdes o sociales y empresas con una gestión sobresaliente en sostenibilidad.

El resultado es una cartera coherente, diversificada y que combina la búsqueda de rentabilidad con un propósito claro: que cada euro invertido contribuya a un futuro más justo y responsable.

Una estrategia pasiva, pero con visión activa

El uso de fondos indexados permite acceder a carteras globales diversificadas con costes reducidos, una ventaja muy valorada por los inversores jóvenes. Pero detrás de esta sencillez operativa hay una visión de largo plazo: integrar sostenibilidad no solo como un sello verde, sino como parte fundamental del análisis y la selección de activos.

Invertir ya no consiste únicamente en hacer crecer tu patrimonio. Se trata de hacerlo de forma responsable, construyendo un futuro en el que merezca la pena vivir. Y eso, para una nueva generación de inversores, es tan importante como la rentabilidad. ¿Te animas a ser parte de esta nueva ola? ¡Simula tu plan de inversión!