
¿Qué vamos a ver en este artículo?
“Propensión o inclinación en las personas y en las cosas hacia determinados fines”. Es la definición de tendencias según la RAE que, si le añadimos el prefijo mega, indica grande o extraordinario. Así pues, las megatendencias son aquellas fuerzas globales, estructurales y de largo plazo que transforman la economía y la sociedad. Por tanto, no son una moda pasajera, sino cambios que se van a quedar y se van a adaptar a los hábitos de consumo y demanda.
Y como tales, son resilientes, trascienden los ciclos económicos y tienen capacidad para generar oportunidades de crecimiento sostenidas en el tiempo. Por eso, invertir en megatendencias es una apuesta ganadora a futuro.
De un tiempo a esta parte, esas fuerzas se han focalizado en la digitalización y el cambio climático y demográfico. En la actualidad, las dos últimas, transición energética y envejecimiento de la población, se mantienen en los puestos de cabeza, mientras que la primera ahora se centra, sobre todo, en la inteligencia artificial. Recientemente, han irrumpido otras dos con el incremento de las tensiones geopolíticas. Por un lado, todo lo que tiene que ver con seguridad y defensa; por otro, con la estabilidad y el refuerzo de las cadenas de suministro globales, en modo reconfiguración tras la pandemia. Mercados, por tanto, que van a requerir ingentes volúmenes de inversión.

Inteligencia artificial: más allá de las grandes tecnológicas
Tras la irrupción de la IA generativa, ahora se visualiza su implantación real en la economía, más allá de la industria tecnológica. Hoy, para ser competitivos, cualquier sector debe incorporar este habilitador de la digitalización.
Es decir, ya no son solo los grandes modelos de lenguaje o los fabricantes de chips, sino centros de datos, infraestructura digital, software empresarial, ciberseguridad, automatización industrial y servicios en la nube…. Para este año, Gartner prevé un gasto mundial de 2,52 billones de dólares, lo que representa un aumento del 44% interanual.
Es, en definitiva, una tecnología transversal capaz de impactar prácticamente cualquier actividad económica, desde la sanidad hasta la logística o los servicios financieros. Y la cuestión para los inversores ya no es si la IA transformará la economía, sino qué empresas serán capaces de monetizar esa transformación.
Defensa y seguridad: el gasto que no va a bajar
Los recientes conflictos geopolíticos —Rusia/Ucrania y Oriente Medio— ponen de manifiesto la necesidad de elevar las capacidades militares a nivel mundial. En junio de 2025, los 32 miembros de la OTAN firmaron en la Cumbre de La Haya el compromiso de alcanzar el 5% del PIB en gasto de defensa para 2035, más del doble del objetivo anterior del 2%. Según la Casa Blanca, este compromiso supondrá un billón de dólares anuales adicionales en recursos de defensa cuando se alcance plenamente.
Pero la verdadera revolución no está solo en cuánto se invierte, sino en cómo se invierte. Los conflictos actuales tienen un componente tecnológico sin precedentes: inteligencia artificial, drones, ciberseguridad, satélites, sensores y capacidades de guerra electrónica están redefiniendo la defensa moderna. Como resultado, una parte creciente del presupuesto militar se destina a empresas tecnológicas y de innovación, ampliando las oportunidades de inversión más allá de los fabricantes tradicionales de armamento.
Esto no es un ciclo. Es un cambio estructural en el gasto público occidental que lleva años en marcha y que, a diferencia de otros sectores, cuenta con una visibilidad presupuestaria de largo plazo.

Desglobalización y cadenas de suministro
La pandemia, primero, y las guerras, después, están reconfigurando las vías de suministro de bienes, poniendo de manifiesto la debilidad de las cadenas y la necesidad de replantearse dependencia a determinados países o regiones.
Estados Unidos, Europa y otras grandes potencias están impulsando programas para reforzar sus propias capacidades estratégicas en sectores como los semiconductores, la defensa, la producción farmacéutica o las materias primas críticas.
Esta tendencia hacia una mayor autonomía industrial podría convertirse en uno de los grandes motores de inversión de la próxima década.
La continua transición energética
Durante años se habló de transición energética como un fenómeno de futuro. Hoy es una necesidad estratégica para gobiernos y empresas. Y ya no va solo de renovables, sino de almacenamiento, redes eléctricas, hidrógeno verde e infraestructura de carga.
Al mismo tiempo, los recientes acontecimientos geopolíticos también ponen de manifiesto la importancia de la seguridad energética. No se trata únicamente de reducir emisiones, sino también de garantizar el suministro y la independencia estratégica.
Por ello, la próxima década probablemente no estará protagonizada por una única tecnología ganadora, sino por un ecosistema completo de soluciones energéticas que convivirán mientras el sistema evoluciona. La ONU cifra en 12 billones de dólares las oportunidades asociadas al desarrollo sostenible y la creación de 380 millones de puestos de trabajo en el mundo para 2030.

El envejecimiento de la población cambia las reglas
Cada vez somos más longevos y, al mismo tiempo, la natalidad baja. España, por ejemplo, es uno de los países con mayor esperanza de vida. Recientemente situada en 84 años, y subiendo. Para 2060, ya hay informes que fijan en 90 esa cota para las mujeres.
Esta realidad demográfica está transformando las necesidades de consumo, ahorro y atención sanitaria de millones de personas. Así, la demanda de servicios sanitarios, dispositivos médicos, tratamientos innovadores, residencias, atención domiciliaria y soluciones vinculadas al bienestar senior continuará creciendo. Pero el envejecimiento no solo afecta a la sanidad. También impulsa sectores relacionados con el ocio, la tecnología, la gestión patrimonial o los seguros. El año pasado, la llamada silver economy movilizó 6,4 billones de euros de PIB, el equivalente al el 32% del PIB de la UE, según un informe de Sopra Steria Next, EGGS y Munich Re.
Cómo invertir en las megatendencias
Nuestras Carteras Tendencias tienen un modelo de gestión basado en la inversión en esas fuerzas globales llamadas a transformar el mundo. En concreto:
- Salud, envejecimiento de la población y biotecnología.
- Infraestructuras, movilidad y recursos naturales.
- Materias primas: metales y minerales, energía y agricultura.
- Tecnología disruptiva, inteligencia artificial y robótica.
- Ecología: descarbonización, biodiversidad y cambio climático.
Contamos con dos modalidades:
- A largo plazo (más 5 años). El 79% de la cartera está invertida en renta variable, principalmente de Estados Unidos. En la última década, la rentabilidad acumulada ascendió a 84,39% frente al 65,10% del sector, lo que supone un retorno anualizado del 6,12%.
- A medio plazo (hasta 5 años). El peso de la renta variable se reduce al 60%. En los últimos 10 años, el rendimiento se situó en el 61,42%, frente al 48,28% (un 4,75% anualizado).
¿Te animas a contribuir al crecimiento de las empresas ganadoras y ser parte de la disrupción?