
Recientemente, os presentábamos la cartera Sostenible donde compartíamos conclusiones de informes sobre las ventajas de invertir con criterios ambientales, sociales y de buen gobierno, los conocidos criterios ESG, en inglés, o criterios ASG, en español. Unas ventajas que se miden en dos aspectos: tu bolsillo y la sociedad.
¿Qué vamos a ver en este artículo?
Efectivamente, las empresas sostenibles tienen mayor resiliencia y mayor potencial de resultados que se traducen en rentabilidad para el inversor, pero, además, con nuestras inversiones, contribuimos a construir un mejor planeta para las siguientes generaciones.
Bajo este prisma, el modelo de gestión de nuestras carteras Sostenibles (80/20 y 60 /40) está apoyado en un enfoque que busca aportar rentabilidad mientras colaboramos activamente al desarrollo de una economía más responsable con el entorno, las personas y la transparencia empresarial.
Para alcanzar este equilibrio, integramos criterios financieros y no financieros en cada una de las fases del análisis de activos. Esto significa que, más allá del potencial de retorno, valoramos si las compañías en las que invertimos están alineadas con buenas prácticas ambientales, sociales y de gobernanza.

3 Ventajas del modelo de gestión sostenible
1.Mayor conocimiento de los activos
Combinar el análisis financiero tradicional con una lectura profunda de los aspectos sociales y medioambientales permite conocer con mayor detalle la realidad de los activos. De esta manera, las decisiones de inversión no se basan únicamente en los beneficios a corto plazo, sino también en la capacidad de las empresas de generar valor de forma sostenida en el tiempo.
Esta visión holística permite evaluar el compromiso de las compañías con la sostenibilidad y anticipar cómo su comportamiento puede afectar al desempeño futuro de la inversión.
2. Análisis en profundidad de riesgos y oportunidades de inversión
El análisis ESG también sirve para detectar elementos que pueden impactar negativamente en la estabilidad de una compañía. Riesgos como el cambio climático, deficiencias en prácticas laborales o mala praxis en gobernanza que pueden derivar en daños reputacionales y, consecuentemente, en pérdidas de valor significativas. Por el contrario, las empresas que lideran el cambio hacia modelos más sostenibles y responsables suelen presentar ventajas competitivas en el largo plazo.
Las transiciones hacia la economía circular, la digitalización sostenible o la reducción de emisiones son algunas de las áreas donde surgen nuevas oportunidades de crecimiento que queremos capturar con nuestras inversiones.
3.Consecución de objetivos más allá de ámbito financiero
Nuestra filosofía no se limita a maximizar la rentabilidad. También aspiramos a que las inversiones tengan un impacto positivo. En cada decisión buscamos alinear los recursos con causas que promuevan el bienestar común, como la igualdad de oportunidades, la protección ambiental o la mejora en la calidad del empleo.
Esta alineación entre rentabilidad y valores no solo es posible, sino que, cada vez más, se convierte en un elemento diferenciador para construir carteras sólidas, duraderas y responsables.

¿Cómo construimos estas carteras?
El proceso parte de una fase inicial de exclusión. Se descartan todas aquellas empresas que estén vinculadas a actividades especialmente nocivas desde una perspectiva ética o ambiental. Así, quedan fuera empresas implicadas en la fabricación de armamento controvertido, actividades que causen graves daños ecológicos sin planes de reparación o entidades con antecedentes probados de corrupción o violaciones de derechos humanos.
Después de esta depuración, se inicia el diseño del núcleo central de la cartera. Aquí es donde se seleccionan los fondos que cumplen criterios en materia ESG y que, al mismo tiempo, muestran potencial de crecimiento y revalorización. Esta selección se realiza poniendo el foco en que las inversiones contribuyan a alguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) impulsados por la ONU.
En este punto, consideramos que un activo es sostenible si cumple al menos una de estas condiciones:
- Las actividades de la empresa analizada aportan valor real a uno o varios ODS.
- Se trata de emisiones cuyo destino está expresamente vinculado a proyectos sostenibles (como los bonos verdes, sociales o vinculados a sostenibilidad).
- La compañía demuestra una excelencia general en la gestión de aspectos medioambientales, sociales y de buen gobierno.
En definitiva, creemos en una inversión que no solo se preocupa por el rendimiento financiero, sino también por el impacto que deja a su paso. A través de este modelo de gestión, generamos carteras diversificadas y resilientes. Porque invertir con responsabilidad es también invertir con futuro.
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