
Fue allá por la década de los 70, cuando aparece el primer fondo de gestión pasiva de la mano de la firma Wells Fargo. En España, los primeros comienzan a operar en los 90 y su explosión masiva se produce con el nuevo milenio.
Es entonces cuando los titulares de prensa se llenan con la rivalidad entre la gestión pasiva y la gestión pasiva. La primera es aquella en la que los fondos se indexan a un índice de referencia —MSCI World, S&P 500, Euro Stoxx 50— para imitar su comportamiento y, por tanto, no requiere de un seguimiento constante de un gestor; la segunda, por su parte, busca batir al índice al que está referenciado por lo que sí es necesario una gestión constante de un profesional.
Y a partir de aquí se suceden numerosas noticias sobre cuál es más rentable menos rentable y más cara o barata.
Pero hoy ese debate recurrente de la enemistad entre gestión pasiva y gestión activa ha desaparecido y el otrora enfrentamiento entre ambas modalidades ha dado lugar a una complementariedad. La suma de ambas aporta rentabilidad adicional al inversor como vamos a ver más adelante.
¿Qué vamos a ver en este artículo?
Diferencias entre gestión pasiva y gestión activa
Qué es la gestión pasiva
Lo primero es entender que la gestión pasiva es aquella que simplemente replica a un índice de referencia, tal y como se ha indicado, no busca superarlo. Su objetivo no es elegir las mejores acciones ni anticipar movimientos del mercado, sino ofrecer exactamente la rentabilidad de ese índice. Es una estrategia pasiva, predecible, transparente y tremendamente eficiente en costes al no ser necesario el trabajo diario de un profesional.
Podemos distinguir dos tipos de vehículos de gestión pasiva más habituales:
- ETFs (Exchange Traded Funds): son los primeros en surgir. Son fondos que cotizan en bolsa como una acción, por tanto, se pueden comprar y vender intradía. Su fiscalidad es peor, ya que no disfruta de la exención de los traspasos de los fondos indexados. Ofrecen alta liquidez, transparencia y una gran variedad de opciones de inversión.
- Fondos indexados: Son fondos de inversión tradicionales desde un punto de vista fiscal, es decir, están exentos del pago de impuestos en los traspasos. Pero, como los anteriores, replican un índice y, en consecuencia, también tienen comisiones muy bajas, gestión automatizada y una fiscalidad favorable pues se permiten realizar traspasos sin tributar aunque su gama es inferior a la de los ETFs.
Que es la gestión activa
La gestión activa, por el contrario, implica un equipo de profesionales que analiza empresas, sectores y tendencias macroeconómicas con el objetivo de construir una cartera que supere al mercado. Suele tener más flexibilidad para adaptarse ante cambios imprevistos. Esa ambición tiene un coste: comisiones más altas que cubren análisis, operativa y la estructura del equipo gestor. Y también conlleva un riesgo: no siempre se consigue batir al índice.

¿Cuál es más rentable?
Esta pregunta también generó debate tiempo atrás y con el rally que están viviendo las bolsas en los últimos 3 años los resultados evidencian que la gestión pasiva gana a la gestión activa cuando los índices no dejan de subir. Así, aquellos productos indexados al S&P 500 o MSCI World han reportado mayores retornos a los inversores que los gestores activos con fondos referenciados a los mismos.
Los datos son contundentes. En la actualidad, según SPIVA (S&P Indices Versus Active), que mide el desempeño de los fondos activos frente a sus índices de referencia, en Estados Unidos, casi el 86% de los fondos de gestión activa en renta variable de compañías de gran capitalización bursátil no logran superar al S&P 500 en un horizonte de diez años.
El barómetro de gestión activa y pasiva de Morningstar destaca que a largo plazo la mayoría de los fondos activos de renta variable no logra batir a los fondos pasivos, especialmente en renta variable. Así, a junio de 2025, la tasa de éxito de los gestores activos a 10 años se situó en el 13,5%.
Pero la gestión activa no está muerta. Sería injusto no reconocer que en determinados mercados lo hace, sin duda, mejor y pueden aporta valor real. Por ejemplo, en mercados menos accesibles o con menor competencia como es en small caps o mercados emergentes.
Fondos pasivos con gestión activa
Esta es una de las innovaciones más interesantes de la industria de la gestión de activos que es la combinación de ambos modelos para aportar rentabilidad adicional. Entonces… ¿por qué elegir? El verdadero valor está en combinarlos bien.
Es el modelo que en Finnk seguimos en nuestras carteras que construidas con fondos indexados y ETFs de las mejores gestoras internacionales y tienen una gestión activa. El equipo inversor hace un seguimiento mensual o trimestral implementando los cambios necesarios según la cartera, y siempre y cuando las circunstancias del mercado no lo requieran antes.
Conclusión
Los fondos pasivos han democratizado la inversión y han puesto al alcance de cualquier ahorrador una herramienta potente, transparente y eficiente para construir un patrimonio a largo plazo. Los datos lo avalan. Pero eso no significa que la gestión activa carezca de sentido: significa que debe justificarse y medirse.
La clave no es elegir entre gestión activa y gestión pasiva, sino construir una cartera que explote lo mejor de ambas. ¿Quieres conocer cuánto podría crecer tu dinero con nuestras carteras? Simula tu plan.