‘Flash crash’: qué es y cómo impacta en los mercados

Ocurrió un 6 de mayo de 2010. En apenas unos 5 minutos, el Dow Jones Industrial Average se precipitaba al vacío, perdiendo cerca de 1.000 puntos —casi un 9%—. Es imaginable el pánico que sacudió a inversores de toda índole. ¿Qué estaba pasando? A cabo de 15-20 minutos, el índice prácticamente se recuperaba. A cierre de mercado, el selectivo acabó con pérdidas del 3,2%.

La investigación posterior apuntó a una combinación de ventas masivas automatizadas y falta de liquidez en determinados momentos del mercado.


El día del flash crash Promedio Industrial Dow Jones


Este colapso o desplome relámpago se bautizó como flash crash.

¿Qué es exactamente un ‘flash crash’?

Este movimiento es una caída extremadamente rápida y brusca del precio de uno o varios activos financieros en un periodo muy corto de tiempo —a veces apenas minutos o incluso segundos— seguida, en muchos casos, de una recuperación rápida.

No existe un umbral o rango de caída que cuantifique un desplome relámpago, las condiciones son: rapidez extrema, recuperación rápida y causa técnica y/o algorítmica.

Por tanto, se trata de episodios de volatilidad extrema que suelen producirse por una combinación de factores técnicos, falta de liquidez, órdenes automáticas de venta y comportamiento algorítmico de los mercados.

¿Por qué se produce un ‘flash crash’?

Más en detalle, los desplomes relámpagos suelen estar relacionados con varios elementos:

  • Trading algorítmico y alta frecuencia: gran parte de las operaciones en los mercados actuales están automatizadas. Cuando ciertos algoritmos detectan movimientos bruscos o determinados niveles de precio, pueden activar ventas masivas en cadena.
  • Falta de liquidez: si en un momento determinado hay pocos compradores y muchos vendedores, el precio puede desplomarse rápidamente.
  • Órdenes automáticas (stop loss): muchos inversores tienen programadas órdenes de venta automáticas si el activo cae por debajo de cierto nivel. Eso puede acelerar todavía más la caída.
  • Errores humanos o técnicos: en algunos casos, una orden errónea o un fallo tecnológico puede desencadenar movimientos violentos.
  • Pánico e incertidumbre: en entornos de elevada tensión geopolítica o financiera, cualquier noticia puede amplificar la volatilidad.

¿Cómo afecta a los inversores?

El impacto depende mucho del perfil del inversor y del horizonte temporal:

  • Para los inversores de corto plazo o con posiciones muy apalancadas, puede generar pérdidas importantes.
  • Para quienes invierten a largo plazo, suele ser otro episodio temporal de volatilidad que no altera ni a los fundamentales de las compañías ni a la estrategia de inversión.

¿Se pueden evitar?

En los mercados, tener una bola de cristal que prevea qué va a ocurrir es imposible. Sin embargo, sí pueden gestionarse mejor sus efectos:

  • Manteniendo una estrategia de inversión de largo plazo.
  • Evitando decisiones impulsivas en momentos de pánico.
  • Diversificando las inversiones.
  • Revisando el uso de órdenes automáticas de venta.

¿Qué enseñan estos episodios?

Los flash crashes ponen de manifiesto hasta qué punto los mercados actuales están hiperconectados y automatizados. También recuerdan una idea importante: la volatilidad forma parte natural de los mercados financieros.

Para el inversor de largo plazo, estos episodios suelen reforzar la importancia de contar con una planificación financiera sólida y no dejarse llevar por movimientos extremos de corto recorrido.

Diferencia entre ‘flash crash’ y ‘crash’ bursátil

Probablemente te suene más lo del crash bursátil. A diferencia del flash, este este movimiento también rápido, es más sostenido en el tiempo: caída brusca, fuerte y profunda, a menudo de varias sesiones seguidas (no cuestión de minutos).

Las causas pueden ser variadas: macro, pandemia, guerra, pánico generalizado, desastres naturales… La recuperación, que tarde o temprano llega, suele terminar siendo en forma de V.

El crash bursátil más reciente se produjo hace poco más de un año, en el llamado por Donald Trump, “Día de la Liberación”, en el que anunció una batería de aranceles para medio planeta. Esta noticia provocó un desplome de cerca del 10% del S&P 500 en una semana. En dos semanas se produjo el rebote.

Otro de los ejemplos más recordados es el provocado por el coronavirus que desencadenó una caída generalizada de las bolsas de en torno al 30% en marzo de 2020. A final de año los mercados ya se habían recuperado.

En definitiva, estos movimientos bruscos de los mercados bursátiles recuerdan que la volatilidad es inevitable, pero también pasajera. A corto plazo, los mercados pueden reaccionar de forma extrema ante factores técnicos, geopolíticos o económicos. Sin embargo, la historia demuestra que, con el tiempo, las bolsas terminan recuperándose y retomando su tendencia de crecimiento.

Por eso, para el inversor de largo plazo, estos episodios no deberían alterar una estrategia bien construida. Mantener la disciplina, evitar decisiones impulsivas y conservar una visión de largo recorrido suele ser mucho más rentable que intentar anticipar cada movimiento del mercado. Porque, al final, el verdadero aliado del inversor no es acertar el momento exacto de entrada o salida, sino el tiempo invertido en el mercado.