10 términos de inversión que todo inversor debería conocer

Aprender a invertir se parece bastante a aprender a cocinar. No necesitas conocer recetas complicadas ni técnicas profesionales para preparar un buen plato. Basta con entender unos pocos ingredientes básicos y cómo combinarlos. Con la inversión ocurre lo mismo. No hace falta ser economista ni conocer todos los términos financieros para poner a trabajar el ahorro, pero sí conviene familiarizarse con algunos conceptos básicos.

La buena noticia es que no son tantos. De hecho, entender los siguientes 10 términos te permitirá comprender mejor cómo funciona el mundo de la inversión y tomar decisiones con más criterio. Y para que resulte más sencillo, los hemos ordenado como si fueran una hoja de ruta: primero entenderás qué estás comprando, después cómo funciona y, por último, cómo tomar decisiones de inversión más acertadas.

1. Fondo de inversión

Si estás empezando, este es probablemente el primer concepto que debes conocer. Un fondo de inversión es un producto financiero que reúne el dinero de muchos inversores para invertirlo de forma conjunta en diferentes activos, como acciones (renta variable) o bonos (renta fija). La operativa corre a cargo de una gestora que toma las decisiones de inversión siguiendo una estrategia determinada. La principal ventaja es que permite acceder a una cartera diversificada sin necesidad de comprar decenas de activos por tu cuenta.

Otra ventaja importante para el inversor español es el favorable tratamiento fiscal: puedes traspasar tu dinero de un fondo a otro sin pagar impuestos hasta que decides reembolsar. Es decir, mientras mantengas el dinero invertido, no habrá que pasar por la caja de Hacienda.

Existen muchos tipos de fondos. Los más habituales se clasifican según el tipo de activos en los que invierten. Y aquí entran los dos siguientes términos.

2. Renta fija

La renta fija engloba activos como la deuda emitida por gobiernos o empresas. Cuando inviertes en renta fija, estás prestando dinero a cambio de recibir unos intereses (cupones) periódicos y la devolución del capital al vencimiento. Tradicionalmente se considera un activo más conservador que la renta variable, por su menor volatilidad, aunque eso no significa que esté libre de riesgo. El valor de estos activos también puede subir o bajar, en función de los tipos de interés oficiales y del perfil crediticio del emisor: si este tiene problemas para devolver el dinero (riesgo de crédito) podría caer la demanda o exigir unos intereses más altos antes de prestar dinero. Por tanto, los fondos de renta fija son habituales en carteras más conservadoras o cuando el horizonte temporal es corto.

3. Renta variable

La renta variable es la inversión en acciones de empresas cotizadas. Cuando compras una acción, te conviertes en propietario de una pequeña parte de esa compañía. Si el negocio crece y genera beneficios, es probable que el valor de la acción aumente. Si atraviesa dificultades, puede ocurrir lo contrario. Por tanto, como su propio nombre indica, la rentabilidad varía. Si bien, esta suele ofrecer mayor potencial de rentabilidad a largo plazo, pero también presenta mayores fluctuaciones en el corto plazo. Por eso, es habitual que forme parte de las carteras destinadas a objetivos de largo recorrido.

4. Diversificación

Es la traducción financiera de ese conocido consejo de no poner todos los huevos en la misma cesta. Diversificar consiste en repartir el dinero entre distintos activos, sectores, países o estilos para evitar depender del comportamiento de una única inversión. La lógica es sencilla: si una parte de la cartera atraviesa un mal momento, otras inversiones pueden compensarlo.

Pero diversificar también es repartir los momentos de entrada al mercado. Un clásico error es creer que se necesita acumular una cantidad elevada para entrar. Todo lo contrario, lo más eficiente es hacerlo mensualmente con aportaciones periódicas con la cantidad que consideres. Al diversificar en el tiempo, reduces el impacto de la volatilidad.

5. Volatilidad

La volatilidad mide cuánto sube y baja una inversión en un periodo de tiempo. Es habitual que se confunda con el riesgo, pero no son exactamente lo mismo. Una inversión puede ser muy volátil en el corto plazo y, sin embargo, ofrecer buenos resultados a largo plazo. Por ejemplo, la renta variable suele experimentar periodos de fuertes subidas y bajadas. Eso no significa necesariamente que sea una mala inversión, sino que exige paciencia y una visión de largo plazo. Ciertamente es incómoda y afecta emocionalmente a muchos inversores. Ver que tu cartera ha bajado un 10% de golpe genera un malestar real, pero lo racional es mantenerse invertido. Históricamente, los mercados tienden a recuperarse.

Como avanzábamos en el anterior punto, una de las formas más eficaces de convivir con la volatilidad es la aportación periódica (también llamada Dollar Cost Averaging o promediación del coste). Consiste en invertir una cantidad fija de forma regular. ¿Por qué funciona? Cuando el mercado baja, tu aportación fija compra más participaciones (el precio es más bajo); cuando el mercado sube, compras menos participaciones (el precio es más alto). A largo plazo, el coste medio de tus participaciones tiende a ser más favorable que si hubieras intentado acertar el momento de entrada.

6. Horizonte temporal

Antes de invertir conviene responder a una pregunta: ¿cuál es tu objetivo de inversión? La respuesta delimitará el plazo en el que necesitarás ese ahorro, es decir, el horizonte temporal de la inversión:

  • Corto plazo: menos de tres años. Si necesitas el dinero pronto, no puedes asumir mucha volatilidad. Una cartera conservadora con renta fija de corto plazo o fondos de bajo riesgo es lo más habitual.
  • Medio plazo: entre tres y cinco años. Hay más margen para asumir algo de riesgo. Una cartera mixta —parte renta fija, parte renta variable— puede tener sentido.
  • Largo plazo: más de cinco años. Aquí es donde la renta variable y el interés compuesto despliegan su verdadero potencial. Tienes tiempo suficiente para absorber las caídas del mercado y capturar las subidas.

Cuanto más largo sea el horizonte temporal, más capacidad suele tener el inversor para asumir fluctuaciones temporales del mercado. Es decir, invertir en activos de mayor riesgo. Esto es lo que te permitirá alcanzar metas como pagar la entrada de una casa, acumular un ahorro para complementar tu pensión de jubilación, montar un negocio o facilitar que tus hijos estudien donde deseen.

7. Interés compuesto

El interés compuesto es el mecanismo por el que tus ganancias generan, a su vez, nuevas ganancias. Es decir: no solo tu capital inicial produce rentabilidad, sino también todo lo que ese capital ha ido generando con el tiempo. Por eso, empezar pronto suele ser mucho más importante que invertir grandes cantidades más adelante.

Un ejemplo con números para ver ese efecto bola de nieve: si inviertes 1.000 € con una rentabilidad media anual del 6%:

  • Al final del año 1 tienes 1.060 €.
  • Al final del año 2 tienes 1.123,60 € (el 6 % ya no se aplica sobre 1.000, sino sobre 1.060).
  • Al final del año 10 tienes 1.790,85 €.
  • Al final del año 20 tienes 3.207,14 €.
  • Al final del año 30 tienes 5.743,49 €.

Por eso se dice que el interés compuesto es la «magia» de las finanzas personales: no requiere acierto, no requiere suerte. Solo requiere tiempo y constancia.

8. Rentabilidad

La rentabilidad es la ganancia (o pérdida) que obtienes sobre el dinero que has invertido, expresada habitualmente en porcentaje. Si inviertes 1.000 € y al cabo de un año tienes 1.080 €, tu rentabilidad ha sido del 8 %. Ojo: rentabilidad pasada no garantiza rentabilidad futura. Es la advertencia que aparece en documentos de inversión, y no es solo letra pequeña: los mercados cambian.

Este concepto forma parte del binomio rentabilidad y riesgo. En general, a mayor rentabilidad esperada, mayor riesgo asumido. No hay rentabilidad alta sin riesgo.

Cuando hablamos de rentabilidad nominal vs. rentabilidad real tiene que ver el siguiente término: la inflación. Si tu fondo ha ganado un 4% pero la inflación ha sido del 3%, tu rentabilidad real ha sido solo del 1%. Lo que importa es lo que ganas por encima de la inflación.

9. Inflación

Por eso se dice que hay que invertir en activos financieros capaces de batir la inflación. Y, hoy por hoy, a largo plazo el único capaz de hacerlo de forma consistente es la renta variable.

La inflación es la subida generalizada de los precios y hace que el ahorro en cuentas corrientes pierda valor y, con ello, poder adquisitivo. Piensa lo que vale hoy una entrada de cine y lo que valía hace una década.

De este modo, en inversión el objetivo no es solo hacer crecer el dinero, sino también proteger el dinero que ya tienes frente a la erosión de la inflación con el paso del tiempo.

10. Perfil de inversor

No existe una inversión perfecta para todo el mundo. Cada persona tiene objetivos, circunstancias personales y financieras y tolerancia al riesgo diferentes. Por eso las entidades financieras clasifican a los inversores en distintos perfiles de riesgo, generalmente conservador, moderado, decidido y arriesgado.

Conocer tu perfil es importante porque te ayuda a construir una estrategia coherente con tus objetivos y a mantenerla cuando llegan momentos de incertidumbre en los mercados.

Invertir no consiste en adivinar qué mercado va a subir mañana ni en aprender un lenguaje lleno de tecnicismos. La clave está en comprender algunos conceptos básicos que te permitan tomar decisiones informadas y construir una estrategia adaptada a tus objetivos.

Porque antes de elegir una inversión, conviene entender cómo funciona. Y estos diez términos son un buen punto de partida para empezar a hacerlo. Lo demás, en manos de una gestora profesional que te ayude a alcanzar tus objetivos de inversión.