¿Cómo se ajustan las carteras de inversión según el mercado?

El mercado es un péndulo que oscila constantemente entre un optimismo insostenible y un pesimismo injustificado”. Esta frase del padre del value investing (inversión en valor), Benjamin Graham, es una manera muy gráfica de expresar que los mercados financieros nunca están quietos, que se mueven al ritmo de factores externos como son el ciclo económico (tipos de interés, inflación, crecimiento del PIB), tensiones geopolíticas (procesos electorales, conflictos bélicos, guerras comerciales…), cambios regulatorios, desastres naturales, pandemias, etc.  

Entornos cambiantes a los que la renta variable (acciones de empresas que cotizan en las bolsas) es muy sensible. Si bien es cierto que, de un tiempo a esta parte, los numerosos cisnes negros que han irrumpido en el statu quo mundial parecen haber anestesiado al mercado que, últimamente, se muestra más insensible a los sobresaltos. 

Con todo, los gestores están vigilantes para ir ajustando las carteras de inversión según las circunstancias del momento y mantener el rumbo hacia el objetivo de inversión fijado. 

Esta adaptación es lo que en el mundo de la gestión se conoce como asset allocation o asignación de activos.

¿Qué es el ‘asset allocation’ o asignación de activos?

El asset allocation consiste en decidir qué proporción de la cartera se destina a cada tipo de activo: renta variable, renta fija, liquidez, materias primas, alternativos, etc.

Es una de las decisiones más relevantes en cualquier estrategia de inversión, porque de ella depende buena parte del comportamiento futuro de la cartera. De hecho, según diversos estudios, la asignación de activos explica entre el 80% y 90% de la rentabilidad y del riesgo total de una cartera a largo plazo.

No se trata de adivinar qué activo lo hará mejor en cada momento, sino de construir una estructura que se ajuste a los distintos escenarios macroeconómicos y ciclos de mercado.

¿Cómo influye el contexto macroeconómico en el ajuste de las carteras?

El ajuste de la asignación de activos se realiza teniendo en cuenta el entorno económico global. Veamos cómo influyen algunos escenarios típicos:

Crecimiento económico sólido y tipos bajos
En este contexto, la renta variable suele comportarse bien, ya que las empresas aumentan beneficios. La renta fija, sin embargo, ofrece rentabilidades más modestas, porque los tipos reducidos limitan su potencial. 

Inflación al alza y subidas de tipos
Cuando los bancos centrales endurecen la política monetaria, los bonos pierden valor y las bolsas se muestran más volátiles. En este entorno, pueden ganar peso los bonos ligados a la inflación o los sectores defensivos capaces de trasladar la subida de la inflación a los precios, como alimentación o suministros básicos. 

Recesión o desaceleración económica
La renta fija de calidad recupera atractivo por su papel defensivo, mientras que los activos de riesgo (renta variable) lo pierde. Así, la asignación se desplaza hacia bonos soberanos o corporativos de alta calidad.

Etapas de recuperación
Tras una crisis, los mercados suelen anticipar el repunte económico. La renta variable, especialmente la de sectores cíclicos (correlacionados con el ciclo económico), vuelve a ganar protagonismo.

Rotación de activos

Con todo lo anterior, en Finnk, los gestores van monitorizando el mercado y el comportamiento de la cartera, de tal manera que periódicamente van realizando ajustes. Es el comité de inversiones, formado por expertos en mercados financieros, gestión de riesgos y análisis macroeconómico, quien supervisa las carteras y decide posibles ajustes (rotación de activos).

Así, en las carteras Tendencias y Sostenible, normalmente los ajustes suelen realizarse cada trimestre, garantizando estabilidad y visión de largo plazo, mientras que en la cartera IAvanzada, los ajustes son mensuales. Por supuesto, si el mercado lo exige, estos encuentros y decisiones pueden adelantarse. 

En todos los casos, los cambios se ejecutan bajo estos principios: diversificar, mantener la disciplina y actuar con coherencia, siempre en beneficio del inversor.

Conclusión: adaptar sin improvisar

En un entorno tan cambiante, ajustar una cartera no significa reaccionar a cada movimiento de mercado. Significa mantener una estructura sólida y revisarla con una metodología predeterminada, información y perspectiva.

En Finnk, ese equilibrio se logra combinando rigurosidad técnica, visión a largo plazo y gestión pasiva eficiente.

Porque, más allá de acertar en el momento perfecto del mercado, lo importante es tener una cartera bien construida, diversificada y acompañada.