La edad y la inversión: ¿cuál es la mejor cartera según tu etapa de la vida?

En el mundo de la inversión existe una relación directa entre el horizonte temporal de inversión y la capacidad para asumir riesgo. Cuanto más tiempo tengamos por delante hasta necesitar nuestro capital, mayor será nuestra capacidad para capear la volatilidad diaria de los mercados y beneficiarnos del crecimiento a largo plazo. Este principio es la base sobre la que se construyen las estrategias de inversión según la edad.

Por eso, y pensando en un objetivo a largo plazo, como es la jubilación, los jóvenes inversores juegan con ventaja frente a otras generaciones pues disponen de mucho más tiempo hasta alcanzar esa etapa y, por tanto, pueden asumir más riesgo en sus inversiones. A medida que nos acercamos a esta fase vital, deberemos ir ajustando nuestra estrategia y riesgo desde niveles más agresivos a decididos, moderados y, finalmente, conservadores.

Veamos cuál es la mejor cartera según cada etapa de la vida.

Invertir cuando el tiempo juega a tu favor (20–35 años)

En esta etapa, el tiempo es tu mayor aliado. Con décadas por delante hasta la jubilación, los inversores jóvenes pueden permitirse asumir un mayor nivel de riesgo en busca de rentabilidades superiores depositando sus ahorros en carteras de fondos de inversión de elevada exposición a la renta variable. Las caídas temporales del mercado no solo son tolerables, sino que representan oportunidades para seguir invirtiendo a precios más atractivos.

La estrategia es aprovechar el interés compuesto, por el que el capital invertido crece a largo plazo bajo el efecto bola de nieve, mediante aportaciones periódicas constantes, independientemente de las condiciones del mercado.

La entrada de la casa, montar un negocio, la independencia financiera o el citado retiro laboral son, a priori, objetivos a muy largo plazo, por lo que la cartera en esta etapa con un horizonte temporal largo permite ser arriesgado, poniendo foco en la renta variable.

Consolidación profesional (35-50 años): equilibrio entre crecimiento y estabilidad

Esta etapa suele venir acompañada de más responsabilidades: familia, hipoteca, estudios universitarios de los hijos, proyectos personales… y, al mismo tiempo, de una mayor capacidad de ahorro.

¿Qué cambia? El horizonte sigue siendo largo, pero según qué objetivo. Por ello, la tolerancia a las caídas puede reducirse.

Si el horizonte temporal es inferior a 5 años, deberemos optar por una cartera con un crecimiento moderado. Una buena alternativa es la clásica cartera 60/40 (60% en renta variable y 40% en renta fija), en la que los activos más conservadores ganan para dar más estabilidad a la cartera.

Por el contrario, si el plazo hasta alcanzar el objetivo supera los cinco años, podemos mantener la cartera más arriesgada recomendada para el ciclo anterior.

Proteger lo construido y prepararse para la jubilación (50-65 años)

En esta fase, el capital acumulado es relevante y el margen para recuperarse de grandes caídas se reduce. Empieza a ser importante la visibilidad sobre los flujos futuros. Se prioriza la protección del capital acumulado. Sin embargo, con una esperanza de vida cada vez mayor, mantener cierta exposición al crecimiento sigue siendo importante para combatir la inflación durante los años de jubilación.

Así, las carteras tienden a ser más conservadoras, con un peso mayor de activos defensivos y una gestión del riesgo más cuidadosa. No se trata de abandonar la renta variable, sino de ajustar su papel dentro del conjunto.

El perfil de cartera recomendada es unaasignación como la anterior de la clásica cartera 60/40, pero conforme nos vamos acercando al retiro laboral hay que ser más prudente y minimizar riesgos dando más peso a la renta fija.

Entre el ocio y la tranquilidad (65+ años)

Durante la jubilación, el objetivo principal pasa a ser preservar el capital y generar rentas que acompañen al estilo de vida deseado. En una primera fase, más de ocio y disfrute; en una segunda, de tranquilidad y cuidados. No hay que olvidar que con la mayor longevidad necesitaremos un colchón ante el riesgo de sufrir grave dependencia, lo que nos obligará a contratar los servicios de una tercera persona o mudarnos a una residencia para mayores.

Por tanto, las carteras suelen priorizar estabilidad y control de la volatilidad, generación de ingresos periódicos y protección frente a la inflación.

De este modo, la cartera recomendada prioriza activos que generen ingresos predecibles, aunque no sean elevados, como bonos de deuda soberana (pública) y/o corporativa (privada) de grado de calidad (investment grade); también letras del Tesoro o fondos monetarios.

La importancia del acompañamiento profesional

La inversión por ciclos de vida no es una fórmula rígida, sino un marco flexible condicionado por el horizonte temporal. La base de la estrategia es:

  • Cuanto mayor sea el plazo, mayor riesgo se puede asumir, pues hay más margen para recuperarse de eventuales pérdidas, y, en consecuencia, mayor potencial de revalorización a largo plazo.
  • Cuanto menos plazo se disponga, la prudencia se impone con activos más conservadores y, por ende, con menor rendimiento.

Lo importante es mantener una estrategia coherente con tus objetivos y tener la disciplina para mantener el rumbo, incluso cuando los mercados ponen a prueba la tolerancia al riesgo. Con el enfoque adecuado y la ayuda profesional necesaria, cada etapa de tu vida puede acercarte más a tus metas financieras.

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